La autoestima es la imagen que tenemos de nosotros mismos, de nuestras virtudes y atributos o defectos y limitaciones, así como el grado de confianza en nuestros recursos para enfrentar la vida. Es cómo me percibo, describo, valoro y evalúo en las áreas afectiva, de pensamiento y de comportamiento. Este concepto también incluye  lo que pienso y siento de mí mismo con respecto a un sistema de ideales y valores éticos y estéticos.

Este conjunto de juicios descriptivos y evaluativos se empiezan a construir en la infancia con las diferentes experiencias y las relaciones que establecemos con nuestro entorno, y se van desarrollando a medida que crecemos.

La autoestima es un concepto variable, ya que determinados acontecimientos vitales pueden hacer que ascienda o descienda:  por ejemplo si conseguimos un buen trabajo, logramos terminar unos estudios, si caemos enfermos. A veces dependiendo de nuestro estado de ánimo podemos sentirnos aptos y en otros momentos no tanto. Asimismo no siempre es igual en todas las áreas: afectiva, profesional, familiar, sexual, social… en unas áreas puede ser más elevada que en otras.

No depende de la apreciación de los demás, ya que la evaluación que realicen los demás puede ser diferente a la mía y aunque la tengamos en cuenta, su opinión o lo que creemos que piensan de nosotros no es determinante para elevar o bajar nuestro autoconcepto aunque aparentemente sea así.

Tenemos una autoestima saludable cuando nos evaluamos de manera equilibrada,  lo que supone que  ni exageramos nuestras virtudes y aptitudes de manera grandilocuente ni tampoco dejamos que nuestros defectos y limitaciones  nos desanimen en exceso.

Cuando es adecuada y positiva nos permite sentirnos a gusto con nosotros mismos y afrontar dificultades, retos y conseguir metas; cuando es negativa produce mucho sufrimiento y hace que nuestra vida sea más complicada.

¿Cómo se construye la autoestima?

La Autoestima se construye a partir del nacimiento y durante toda la vida.

El ser humano nace prematuro y desvalido y permanecerá así por  muchos años, por lo que necesita de los otros para sobrevivir y existir. Eso hace que el otro sea lo más importante para el bebé porque sin él moriría.

Esta primera etapa del bebé es de autosatisfacción y completud debido a los cuidados parentales. Siente bienestar y se cree el centro del universo. En este momento se produce una investidura masiva de amor desproporcionado pero necesario,  y a medida que el niño crece, este amor se irá modulando y  modificando  en función del comportamiento del niño. Poco a poco se produce el proceso de socialización en el cual se enseña al niño la conciencia moral, el concepto del bien y del mal, los ideales, las leyes y normas  para poder vivir en sociedad. El niño  se siente orgulloso o avergonzado y con culpa según su comportamiento.

A partir de los 5-6 años empezamos a tener conciencia de cómo nos ven nuestros mayores.

A medida que el niño crece, otros escenarios entran en juego: la escuela, los amigos y compañeros, los cuales juegan un papel socializador importante. De adulto es importante también el reconocimiento de los demás.

Condiciones emocionales imprescindibles para tener una buena autoestima

Durante la infancia necesitamos:

  • Ser aceptados tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos
  • Sentirnos queridos, que somos importantes y somos bienvenidos a este mundo
  • Comprensión y aliento
  • Que nos introduzcan a la realidad sin exagerar los peligros ni nuestras posibilidades
  • Ayuda para modular, procesar y nombrar nuestras emociones.
  • Aprender a afrontar dificultades.
  • Que nos enseñen a  valorar nuestras aptitudes y virtudes sin grandilocuencia y nos ayuden a aceptar nuestros defectos y limitaciones
  • Estimulación para explorar y probar sin que se burlen de nuestros fracasos y torpezas.
  • Establecer un buen nivel de comunicación.

En definitiva, es necesaria una crianza con cuidados, amor y respeto donde exista un ambiente con reglas estables y razonables que contribuyan a generar expectativas adecuadas sin recurrir al ridículo, la humillación o el maltrato (ni físico ni psíquico) y transmitiendo confianza en las capacidades del niño.

Este proceso es tan largo en el tiempo, complejo, y depende de tantas variables que por eso hay tantas dificultades y patología en esta área. Actitudes derrotistas y supercríticas, perfeccionismo patológico o un exceso de halagos, crean problemas de autoestima.

Problemas de autoestima

Las personas con baja autoestima:

  • A la hora de tomar decisiones son personas muy indecisas y no suelen tener iniciativa porque tienen un miedo exagerado a equivocarse, ya que son muy perfeccionistas y se exigen hacer todo bien a la primera. Este perfeccionismo y exigencia les hace intolerantes con los errores, defectos y limitaciones, y vivir los fallos con mucha vergüenza. Son hipersensibles a la crítica pero también supercríticos con los demás.
  • Como se exigen tenerlo todo perfecto, pretenden “tenerlo todo controlado”, así las tareas se dilatan en el tiempo y se hacen arduas
  • Timidez. Tienen un gran temor a hacer el ridículo delante de “todo el mundo”, se sienten continuamente evaluados y observados. Como se sienten defectuosos y diferentes, se sienten muy incómodos ante la mirada de los demás ya que el otro podría descubrir y ver esos defectos, como si tuvieran rayos X y los demás no tuvieran defectos.
  • Se quedan sólo con las críticas y aceptan mal los cumplidos porque creen que no se los merecen. Desprecian sus dones y no valoran sus talentos ni posibilidades. Les cuesta premiarse por sus logros: eso es lo que hace todo el mundo ó es mi obligación. Suelen ser personas negativas y pesimistas,  no creen que merezcan cosas buenas ni que vayan a conseguir sus metas y que todo les saldrá mal.
  • Piensan que la vida es injusta y que el mundo les debe algo. Pueden tener actitudes reivindicativas, fantasías y actos vengativos. Tienen hostilidad flotante a flor de piel y pueden estar a punto de estallar por cosas sin importancia. También son proclives a los ataques de ira y furia y sienten rabia porque se sienten heridos en su amor propio.
  • Debido a su desvalorización no ejercen su derecho a elegir sino que están pendientes de ser elegidos… Nadie que valga la pena se fijará en mi porque no estaré a su altura. Así, suelen tener relaciones insatisfactorias con personas difíciles de satisfacer y rechazantes. Tienen un deseo excesivo de complacer y agradar a los demás y no se atreven a decir no por temor a que el otro se enfade o les deje de querer. Se ocupan en exceso de los deseos y necesidades de los demás (o lo que creen que son sus deseos y necesidades),  descuidando los propios.
  • Comparación constante con los demás, sobrevalorando las capacidades, virtudes y logros ajenos:  Por qué ellos sí y yo no?  Suelen sentir envidia.
  • En ocasiones se producen actitudes para compensar una autoestima baja: arrogancia y grandilocuencia, atribuir a otros la necesidad, defectuosidad, buscar permanentemente elogios.
  • Suelen juzgar las cosas demasiado al extremo: blanco o negro, todo o nada…siempre hago las cosas mal, nunca me sale nada bien.

Frases que suelen decir las personas con baja autoestima

  • «Siempre me salen las cosas mal, nunca me  sale nada bien, y si sale bien es porque he tenido suerte. Si sale mal es culpa mía.»
  • «¿Quién va a quererme a mí?»
  • «Yo no valgo para eso, nunca lo conseguiré, quiero hacerlo pero no puedo.»
  • «Pedir muchas veces perdón.»
  • «Mis opiniones no tienen valor.»
  • «¿Qué pensarán de mí?»

Estrategias terapéuticas

Los déficits de autoestima tienen su origen en  convicciones muy arraigadas de defectuosidad, inferioridad e inadecuación que provienen mayoritariamente de la infancia, por lo tanto, en psicoterapia se trabajarán las convicciones invalidantes cuestionándolas y  se reconstruirán los contextos en los que se fraguaron dichas convicciones, especialmente en la familia, teniendo siempre en cuenta cuestiones inconscientes que nos han marcado y dirigido.